El invierno supone un desafío energético para las residencias de personas mayores. El aumento de la demanda térmica, la reducción de la ventilación natural y el uso intensivo de equipos médicos hacen que la seguridad energética y la calidad del aire interior (IAQ) sean factores críticos para el bienestar de los residentes… y para el presupuesto del centro.
En este artículo analizamos los riesgos, los datos clave del sector y las soluciones más eficientes para garantizar un entorno cómodo, saludable y energéticamente responsable.
¿Cuánta energía consume una residencia de personas mayores?
El consumo energético en las residencias de personas mayores puede superar los 40.000 kWh anuales, lo que se traduce en un gasto de más de 4.500 euros al año.
Los principales focos de consumo se concentran en:
- Climatización (calefacción y aire acondicionado), que puede representar hasta el 50% del gasto total.
- Iluminación, que supone en torno al 40%.
- Agua caliente sanitaria y el uso continuo de equipos médicos y de asistencia.
Estos centros son altamente intensivos en energía, no solo por cuestiones de confort, sino por la necesidad de mantener condiciones térmicas y ambientales óptimas para una población vulnerable que requiere cuidados constantes.
¿Por qué el invierno agrava los retos energéticos y ambientales?
Durante los meses fríos, las residencias enfrentan un doble desafío:
- Mayor consumo energético: el uso continuado de sistemas de calefacción y climatización eleva significativamente los costes operativos.
- Empeoramiento de la calidad del aire interior: la ventilación natural se reduce para conservar el calor, lo que dificulta la renovación del aire. Esto incrementa la concentración de CO₂, humedad, partículas y patógenos, afectando el bienestar de los residentes y del personal.
La combinación de estos factores convierte al invierno en un periodo crítico que exige una gestión energética más eficiente y una atención especial a la salubridad del entorno interior.
Retos técnicos comunes en el sector
A estos problemas estacionales se suman limitaciones estructurales que dificultan la mejora del rendimiento energético:
- Sistemas térmicos obsoletos, como calderas antiguas y climatización sin control eficiente.
- Falta de monitorización energética en tiempo real, lo que impide detectar y corregir excesos de consumo.
- Dependencia de fuentes fósiles como gas o gasóleo.
- Presupuesto limitado para renovación de instalaciones.
Estas condiciones elevan el consumo, reducen el confort térmico y aumentan los riesgos en momentos críticos, como las olas de frío.
Calidad del aire interior: un factor olvidado…pero clave
Aunque suele quedar en segundo plano, la calidad del aire interior es clave para la salud y el confort de los mayores.
Estudios recientes señalan que en invierno, la menor ventilación conlleva riesgos como:
- Acumulación de CO₂ y contaminantes.
- Aumento de la humedad y aparición de moho.
- Empeoramiento de patologías respiratorias o cardiovasculares.
Y aquí es donde muchas residencias fallan: abrir ventanas en pleno invierno no es una solución viable. La alternativa son sistemas de ventilación mecánica con recuperación de calor (HRV), que permiten renovar el aire sin perder temperatura, manteniendo el confort térmico y reduciendo el consumo.
Esta tecnología representa una de las formas más eficaces de equilibrar salud ambiental y eficiencia energética.
Soluciones energéticas para un invierno seguro
Afortunadamente, existen medidas viables para mejorar la eficiencia y el ambiente interior en residencias de personas mayores, incluso con presupuestos limitados. Algunas de las más efectivas son:
1. Modernización de sistemas térmicos
- Sustitución de calderas por modelos eficientes.
- Instalación de termostatos inteligentes y control por zonas.
- Mantenimiento preventivo para evitar pérdidas térmicas.
2. Optimización de agua caliente y grifería
- Instalación de grifos inteligentes y aireadores.
- Control de caudal para evitar derroche.
Gestión inteligente de la iluminación
3. Gestión inteligente de la iluminación
- Uso de sensores de presencia en zonas comunes.
- Cambio progresivo a tecnología LED.
4. Integración de energías renovables
- Instalación de paneles solares térmicos o fotovoltaicos.
- Sistemas híbridos con aerotermia, especialmente en zonas con clima templado.
Muchas de estas soluciones permiten reducir el consumo entre un 20% y un 40% según el tipo de instalación y el nivel de eficiencia previo.
Obligaciones normativas: Rite y eficiencia en instalaciones
Para que estas mejoras sean realmente efectivas y sostenibles en el tiempo, es imprescindible que se ajusten a la normativa vigente, en especial al Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios (RITE), que exige:
- Instalaciones térmicas eficientes y seguras.
- Garantía de calidad del aire interior adecuada.
- Funcionamiento continuo sin riesgos ni interrupciones.
El cumplimiento de esta normativa no solo es obligatorio, sino clave para evitar sanciones, mejorar la imagen del centro y proteger a sus ocupantes.
En conclusión, garantizar el confort de las personas mayores no está reñido con la eficiencia energética. Al contrario: apostar por soluciones eficientes mejora no solo el bienestar de los residentes, sino también la seguridad, la calidad del aire y la sostenibilidad del centro.
Si gestionas una residencia o centro de día, este invierno puede ser una oportunidad para optimizar consumos, reducir costes y crear un entorno más saludable para todos. Descubre cómo desde Enérgya podemos ayudarte a dar el paso hacia una gestión energética más inteligente.


